Lo abrió con manos temblorosas: dentro estaba… 50.000 pesos en efectivo y un pequeño papel escrito apresuradamente:
“Mamá, perdón por mentir. No quería que mi esposa lo supiera, temía que me culpara por tener prejuicios hacia la familia de mi esposo. Te envío este dinero, para que puedas ir a recibir tratamiento médico de inmediato. Te amo mucho, pero no me atreví a decirlo. Espero que perdones a este hijo poco filial”.
Ella estaba atónita. Las lágrimas seguían fluyendo, mojando el papel. En ese momento, todas sus quejas desaparecieron. Comprendió que su hijo todavía la amaba, pero estaba debilitado por la vida, por las personas, por las responsabilidades.
Milagro en el hospital
Al día siguiente, trajo dinero al hospital para la cirugía. Afortunadamente, la cirugía fue exitosa. Cuando se despertó, la primera persona que vio fue Ramón: estaba sentado junto a la cama, con los ojos rojos.
Mamá, lo siento… Ese día, tenía miedo de que mi esposa dijera esto y aquello, así que actué así. Lo lamento mucho…
Ella sonrió débilmente, sosteniendo su mano:
– Mamá nunca se ha enojado contigo. Recuerde, el dinero se puede recuperar, pero una vez que se pierde el amor de su madre, nunca se puede volver a comprar.
Ramón rompió a llorar como un niño, con la cabeza apoyada en la mano de su madre. Fuera de la ventana del hospital, la brillante luz del sol de Manila brillaba, extrañamente cálida.
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