El legado permanece
Muchos años después, la historia de Dolores todavía se cuenta en las escuelas y actividades comunitarias. La imagen de una mujer de 70 años que lleva una bolsa de fideos instantáneos a casa y luego se echa a llorar al descubrir el amor oculto de su hijo en su interior, se convirtió en un símbolo vivo del amor maternal y el arrepentimiento.
Más tarde, Ramón se paró a menudo ante la comunidad, contando la historia de su madre con los ojos rojos:
– “Fui descuidado, pero gracias a mi madre, aprendí a nunca dejar que la piedad filial llegara demasiado tarde. Por favor, todos, mientras sus padres aún vivan, ámenlos más”.
Conclusión
El legado que dejó Dolores no es dinero ni riqueza, sino una lección sobre el amor maternal, el amor filial y el perdón. Ella se ha ido, pero su historia sigue viva, convirtiéndose en un faro de luz en todos los hogares filipinos.
Y los barangays a menudo se recuerdan unos a otros:
– “Ese fideo instantáneo ese día fue el mejor plato en la vida de Nanay Dolores, porque encapsuló el amor madre-hijo.
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