Una mujer pobre mostró su bondad a tres huérfanos, dándoles sopa caliente. Veinte años después, tres coches de lujo se detuvieron frente a su tienda, y lo que sucedió después conmocionó a todos.

Los coches pasaban sin reducir la velocidad. La gente caminaba cabizbaja, con la mirada fija en el móvil y la mente ocupada con sus propios problemas. Nadie prestaba atención al pequeño puesto. Nadie lo hacía nunca.

El sol se ponía tras los edificios, tiñendo el cielo de naranja y gris. Valentina se disponía a cerrar cuando los vio.

Tres niños estaban a varios pasos del mostrador.

Eran idénticos.

Los mismos rostros delgados. Las mismas mejillas hundidas. La misma ropa desgastada y demasiado grande que colgaba de hombros frágiles. Sin mochilas. Sin padres. Solo tres pares de ojos hambrientos y llenos de vacilación.

Uno de ellos, claramente el más valiente, dio un pequeño paso hacia adelante.

—Abuela... —dijo en voz baja, apenas elevando la voz por encima del ruido de la calle—.
¿Te queda algo? ¿Algo viejo... algo que ibas a tirar?

Valentina se quedó congelada.

No había rudeza en su tono. Nada de derecho. Solo disculpa. Como si lamentara existir.

Ella suspiró, miró la olla y habló simplemente.

Ven aquí. Siéntate.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.