informarles sobre los hallazgos. La familia Mendoza había perdido la esperanza años atrás, pero merecían conocer la verdad.
Los padres de Eduardo, don Felipe Mendoza Cruz y doña Teresa Herrera Sánchez vivían en Guadalajara. Carmen los visitó personalmente para explicarles toda la situación. Después del shock inicial, expresaron gratitud de que finalmente se supiera la verdad.
Señora Carmen, nosotros siempre supimos que nuestro Eduardo no habría abandonado a Rosa ni a su familia sin explicación. Era un hombre responsable, dijo don Felipe con lágrimas en los ojos. Ahora podremos darle sepultura cristiana y tener un lugar donde visitarlo”, agregó doña Teresa. Durante todos
estos años no sabíamos si estaba vivo o muerto en algún lugar lejano.
Carmen les aseguró que haría todo lo posible para que don Aurelio y sus cómplices pagaran por sus crímenes. La búsqueda del fugitivo había comenzado, pero ella tenía confianza de que la justicia prevalecería después de tanto tiempo. Al día siguiente, el detective Contreras recibió una llamada
importante. Habían localizado a uno de los antiguos empleados de protección integral del Pacífico, Sergio Gutiérrez Morales, de 45 años, quien había trabajado para Ramón Castillo desde 1992 hasta 1999.
Sergio vivía en Tijuana y había construido una nueva vida como mecánico automotriz. Cuando los agentes locales lo contactaron, inicialmente negó cualquier conocimiento sobre eventos en Puerto Vallarta en 1994. Pero cuando le informaron sobre el arresto inminente de don Aurelio y la evidencia
encontrada, Sergio decidió cooperar.
Había vivido con el peso de la culpa durante años y estaba dispuesto a confesar su participación a cambio de consideración legal. Yo era uno de los dos hombres que ayudaron esa noche”, admitió Sergio durante su interrogatorio telefónico. Ramón Castillo nos ordenó ir al hotel Marisol para resolver
un problema que tenía don Aurelio con unos huéspedes.
Esta confesión confirmaba definitivamente la participación de múltiples personas en los asesinatos. Carmen se sintió vindicada. Después de años de ser tratada como una familiar paranoica, la evidencia demostraba que había existido una conspiración real para asesinar a Rosa y Eduardo y ocultar los
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