Vuelo sin histeria: el asiento a mi lado

"¿De verdad... vas a las Maldivas?"

"Sí. Al mismo hotel". Solo que la villa junto al agua ya está a mi nombre.

Etapa 3. Blanco y negro sobre papel
Mikhail sacó los papeles con cuidado, los hojeó y palideció. Vi pequeñas gotas de sudor aparecer en su frente, no por el calor, sino por el hecho de que el rompecabezas había encajado: no tenía nada que contradijera los números y sellos.

"Dinero de la cuenta de ahorros conjunta", dijo con voz ronca.
"La mitad de mi trabajo", asentí. "Mi mitad ya está en otra cuenta. El resto está congelado mientras dure el proceso de divorcio".

La azafata se acercó y ofreció bebidas. Alisa tomó el champán con dedos temblorosos; yo tomé el té verde. Mikhail lo rechazó.

"¿Y luego qué?", ​​siseó. "¿Estás montando un espectáculo?"

"Elegí un formato sencillo", respondí. "Adulto". Volarás seguro y entenderás cómo es la vida cuando dejes de cerrar los ojos.

Etapa 4. Correos electrónicos que se borran solos
Me conecté al wifi de a bordo y lancé mis correos electrónicos programados: al abogado, todo según lo previsto; Al trabajo de Mikhail: una copia del reglamento interno sobre romances de oficina y viajes de negocios superpuestos al departamento de recursos humanos; al banco: una confirmación de los pedidos ya enviados. Nada de titulares llamativos, solo lenguaje profesional. Un breve mensaje de texto llegó al número de Mikhail: "Lee tu correo electrónico al llegar. Los documentos están en tu bolso".

Notó el movimiento y movió los labios:

"¿Vas a... contárselo a todo el mundo?"

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