Vuelo sin histeria: el asiento a mi lado

"No se lo diré a nadie", dije en voz baja. "Simplemente dejaré de callar".

Etapa 5. Conversación de los tres
Alisa finalmente se armó de valor:

"María, yo... no quise decir nada malo". Dijo que hacía tiempo que no eran amigos, que todo era solo una formalidad...

"Eres una adulta, Alisa", la interrumpí. "La lista de la compra y las reservas dicen lo contrario. Pero no vine por ti. Vine por mí".

Asintió y bajó la mirada. Por un momento, sentí lástima por ella: demasiado joven, demasiado segura de que enamorarse del marido de otra era la excepción a la regla. Pero la lástima no niega la causa y el efecto.

Etapa 6. Aterrizaje: Una orilla que ya no se comparte
Nos recibió el aire fresco del aeropuerto y un cartel con mi nombre: había avisado al representante del hotel con antelación. Mikhail y Alisa se dirigieron al mostrador de facturación, y allí encontraron la primera grieta. El gerente, sonriendo amablemente, explicó:

"La reserva de la villa ha sido cancelada por el titular de la tarjeta. Podemos ofrecer un bungalow de playa estándar por tres noches, prepague aquí".

Mikhail se aferró al terminal; la tarjeta no se había procesado. Se giró hacia mí, pero yo ya estaba subiendo al cochecito. "Que descanses bien", le dije.

Etapa 7. La villa donde solo estoy yo
Una terraza de madera se alzaba sobre el agua, la escalera colgaba en el agua turquesa como una cuchara en mermelada. Me quité las sandalias, sumergí los pies en el cálido océano y, por primera vez en meses, respiré hondo sin un nudo en el pecho. No era victoria, sino silencio. No era venganza, sino un límite.

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