Un juez se burla de una joven latina acusada injustamente. Ella le responde con algo que nadie esperaba. Nueve idiomas frente a todo el tribunal. En la sala número tres del Tribunal Superior, la tensión era tan densa que parecía cortar el aire. Los murmullos del público se apagaron en cuanto el juez principal, don Esteban Fuentes, golpeó con su mazo de madera sobre el estrado, exigiendo silencio.
Frente a él, de pie junto al banquillo de los acusados, se encontraba Mariana Torres, una joven de apenas 16 años con el rostro pálido, pero los ojos firmes. Su cabello oscuro caía desordenado sobre los hombros y sus manos esposadas temblaban ligeramente no por miedo, sino por la indignación de ser tratada como una criminal. Había sido acusada injustamente de un delito que no cometió, falsificación de documentos en múltiples idiomas. Un caso que parecía ridículo, pero que los fiscales habían inflado para hacerla ver como un ejemplo de juventud descarriada.
A su lado, su madre, una mujer humilde que trabajaba como costurera. Observaba con lágrimas contenidas, impotente ante la maquinaria judicial que se levantaba como un monstruo implacable contra su hija. El juez fuentes, conocido por su carácter sarcástico y su desprecio hacia quienes venían de familias pobres, entrecerró los ojos con una sonrisa burlona. “Así que tú, muchachita, dices que hablas nueve idiomas.”, pronunció con tono cargado de ironía. provocando carcajadas entre algunos asistentes que se unieron al eco cruel.
Mariana alzó el mentón y respondió con voz clara. Sí, señor juez, hablo nueve idiomas. El silencio que siguió fue inmediato. El magistrado dejó escapar una carcajada sonora como si escuchara la broma más absurda de su carrera. Nueve idiomas. Ni siquiera mis colegas en la universidad dominan tantos. ¿Prendes hacernos creer que una niña de barrio sin dinero para pagar un tutor sabe más que expertos con doctorados? Esto es un tribunal, señorita, no un circo. Mariana lo miró fijamente, sin pestañar.
Y en ese instante, aunque parecía insignificante en comparación con el poder de aquel hombre, algo en su postura empezó a incomodarlo. El fiscal Ramírez, un hombre robusto de traje gris con bigote cuidadosamente recortado, aprovechó la ocasión para intervenir con aire de superioridad. Caminó lentamente frente al jurado, girándose luego hacia Mariana con una sonrisa. venenosa. Honorables miembros del jurado, lo que tenemos aquí no es más que una adolescente con delirios de grandeza que pretende engañarnos con historias fantásticas.
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