El juez, incómodo se aclaró la garganta. Aún así, señorita Torres, hablar varios idiomas no la libra de las acusaciones que pesan sobre usted. Aquí se le acusa de falsificación de documentos. ¿Puede explicar por qué su supuesto talento lingüístico está relacionado con este caso? Mariana, con un brillo desafiante en los ojos, se inclinó ligeramente hacia el estrado y dijo, “Porque lo que llaman falsificación es en realidad un error que ustedes ni siquiera entendieron. Ese documento que me incriminan traducido por mí con intención de fraude, sino que lo decifraba para un profesor.
Lo que sucede, señor juez, es que ni usted ni el fiscal pudieron comprender lo que significaba y cuando no se entiende algo, es más fácil acusar que aceptar la ignorancia. Un silencio mortal cayó sobre la sala. Por primera vez, el juez se sintió expuesto, cuestionado en su propia autoridad frente a todos. El juez Fuentes permaneció en silencio, incómodo, mientras el fiscal Ramírez apretaba los labios, incapaz de responder de inmediato. Mariana aprovechó ese vacío de autoridad y con voz firme continuó, “Señor juez, el documento que supuestamente prueba mi delito fue encontrado en la biblioteca de la universidad.
Allí asisto después de la escuela para aprender con voluntarios que enseñan lenguas antiguas. Lo que ustedes llaman falsificación es en realidad un ejercicio de traducción en el que trabajé bajo la guía de un maestro sirio y de una profesora jubilada de filología. Pueden preguntarle al bibliotecario, a cualquiera de ellos. Yo no inventé nada, no fabriqué ningún fraude, solo traduje lo que otros no podían comprender. El público comenzó a murmurar con más fuerza y algunos miembros del jurado se inclinaron hacia delante, interesados en cada palabra.
El fiscal, nervioso, intentó interrumpir. Objeción. Nada de eso está en el expediente. Mariana giró hacia él y en portugués claro replicó, “Ausencia de probas no significa culpa, significa falla en la investigación. ” La frase resonó como un latigazo. El juez golpeó el mazo, pero esta vez más débil, como si su autoridad estuviera resbalando entre sus manos. Mariana entonces se dirigió directamente al jurado. Me trajeron aquí para ser humillada, para convertirme en un ejemplo de lo que significa ser pobre y rebelde.
Pero lo que ustedes han visto hoy es la prueba de que la verdad no siempre se encuentra en los informes oficiales ni en las palabras de quienes llevan trajes caros. La verdad también puede salir de la boca de una muchacha a quien nunca quisieron escuchar. Los murmullos se transformaron en un silencio expectante. Por primera vez en ese tribunal, la balanza empezaba en caná a inclinarse a favor de la joven acusada y todos podían sentir que aquel juicio ya no sería el mismo.
El fiscal Ramírez, sudando bajo las luces del tribunal, se levantó otra vez con la intención de recuperar el control. Señor juez, esto es un circo. Esta muchacha intenta convertir el juicio en una exhibición escolar para distraernos de lo importante. No importa cuántos idiomas finja hablar, lo que importa es que está acusada formalmente de un delito. Mariana lo interrumpió con voz clara antes de que el juez pudiera pronunciarse. ¿Y qué delito es ese fiscal? ¿Sabe usted siquiera lo que decía el documento que me incrimina?
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
