“YO HABLO 9 IDIOMAS” – DIJO LA JOVEN LATINA ACUSADA… EL JUEZ SE RÍE, PERO QUEDA EN SHOCK EN SEGUNDOS…

El fiscal Ramírez, desesperado por no perder el control, levantó un fajo de papeles y lo agitó frente al jurado. Aquí están los documentos que la incriminan. Textos en distintos idiomas que nadie más pudo entender. ¿Cómo se explica que una adolescente como usted haya tenido acceso a todo esto? Eso es prueba de manipulación. Mariana lo observó con calma y pidió permiso al juez para acercarse. Por un instante, Fuentes dudó, temiendo que la joven volviera a dejarlo en evidencia, pero finalmente asintió con un gesto cansado.

Mariana caminó hasta la mesa del fiscal, tomó uno de los documentos y lo sostuvo en alto. Este texto, según ustedes, es una falsificación, pero lo que realmente esconde es algo más sencillo. Ignorancia. Lo abrió y comenzó a leer en voz alta. Primero en latín, después en árabe clásico y finalmente en castellano antiguo, traduciéndolo con una fluidez que eló la sangre de todos los presentes. Habla sobre sabiduría, sobre humildad, sobre cómo la verdadera justicia no puede basarse en la riqueza ni en el desprecio hacia los demás.

Cerró el papel con firmeza y lo colocó de nuevo sobre la mesa del fiscal. No falsifiqué nada, solo traduje lo que ustedes no entendían. El error fue suyo al confundir conocimiento con delito. El jurado estaba hipnotizado. Varios periodistas ya transmitían en vivo y los comentarios del público se desbordaban en las redes sociales. El juez Fuentes, que al inicio se reía, ahora sudaba bajo su toga, incapaz de mirar directamente a la muchacha. Mariana continuó con voz firme. La pregunta aquí no es si yo falsifiqué, sino por qué un tribunal entero es incapaz de aceptar que una joven de barrio pueda saber más que ellos.

Y esa pregunta, señores, revela que el verdadero problema no soy yo, son sus prejuicios. La sala estalló en murmullos y por primera vez en la audiencia, Mariana ya no era la acusada, era la maestra que dictaba la lección más incómoda de todas. El juez Fuentes intentó recuperar autoridad, pero sus manos temblaban ligeramente cuando volvió a golpear el mazo. “Basta de discursos, señorita Torres”, murmuró con voz que ya no imponía respeto, sino que delataba inseguridad. Mariana, erguida en medio de la sala, lo miró con firmeza.

“¿Por qué le incomoda tanto lo que digo, señor juez? ¿No es acaso este tribunal el lugar donde se busca la verdad? Si mi voz lo perturba, es porque refleja lo que usted no quiere ver. El silencio cayó como un manto sobre todos. Mariana respiró profundo y cambiando al inglés dijo con claridad: “Justice is not a privileg is” italiano, “La veritade. Le domande, solo le bujíele etono.” Cada frase golpeaba la autoridad del juez con la fuerza de una sentencia.

El fiscal Ramírez trató de intervenir, pero Mariana levantó el documento que sostenía y lo señaló con determinación. Aquí está la prueba de su error. Ustedes me acusaron sin entender el contenido. ¿Sabe lo que significa esto, señor juez? Que la ignorancia fue vestida de autoridad y la prepotencia disfrazada de justicia. El jurado se inclinaba hacia adelante, atento a cada palabra mientras la madre de Mariana lloraba en silencio, viendo como su hija transformaba la humillación en fuerza. El juez apretó los labios, pero no pudo responder.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.