De repente, la casa se sintió vacía.
El silencio resultaba abrumador.
Por primera vez en años, James se dio cuenta de lo importante que se había vuelto la señora Rhode para él.
Sin embargo, encontró consuelo en un pensamiento.
Había cumplido su promesa.
Y seguramente ella había conservado la suya.
La impactante lectura de Will
La lectura del testamento deparó una sorpresa devastadora.
Una a una, la abogada fue anunciando las decisiones de la señora Rhode.
La casa se donaría a organizaciones benéficas.
Sus ahorros serían donados a la iglesia.
Las joyas y las pertenencias personales se distribuirían entre parientes lejanos.
James escuchó con paciencia.
Su nombre seguramente vendría después.
Pero nunca sucedió.
La reunión terminó.
La herencia que esperaba simplemente no estaba allí.
Sin dinero.
Ninguna propiedad.
Sin acuse de recibo.
Nada.
Tras años de cuidados y dedicación, se sintió traicionado.
El dolor emocional resultó ser incluso mayor que la decepción económica.
¿Había sido todo una mentira?
¿Había malinterpretado su relación?
¿Acaso ella simplemente lo había utilizado?
Las preguntas lo atormentaron al regresar a casa.
Llaman a la puerta
A la mañana siguiente, unos golpes en la puerta interrumpieron su sueño intranquilo.
Afuera se encontraba el abogado de la señora Rhode.
En su mano sostenía una vieja fiambrera abollada.
A primera vista, parecía no tener ningún valor.
El abogado explicó que la señora Rhode había dejado instrucciones adicionales.
Dentro de la fiambrera había dos objetos.
Una llave.
Y una carta.
