Mi exmarido multimillonario se sentó a mi lado en un vuelo solo para avergonzarme, hasta que tres niños pequeños salieron de un Bentley y corrieron hacia mí gritando: “¡Mamá!”.

Los chicos no entendían por qué aquel desconocido los miraba como si hubieran resucitado del pasado. No sabían que Blake había sido el marido de Emma. No sabían que sus últimas palabras habían sido crueles.

—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó.

Emma soltó una risa sin humor. —¿Quieres hacer esto aquí?

—Sí.

Cuando Blake intentó agarrarla del brazo, Ethan se interpuso. —No toques a mi madre.

Blake se quedó paralizado y la soltó de inmediato.

—No vamos a hacer esto delante de ellos —dijo Emma.

—Desapareciste —espetó Blake.

—No —respondió ella—. Me borraste.

Por un instante, el viejo Blake pareció asomar: el hombre al que había amado antes de que el orgullo y la desconfianza los destruyeran. Entonces, su máscara regresó.

—Quiero hablar.

—Quiero llevarme a mis hijos a casa.

Sus ojos brillaron. —Nuestros hijos.

El ambiente cambió.

Oliver levantó la vista. —¿Nuestros?

Blake se dio cuenta de su error demasiado tarde.

—Mamá —preguntó Oliver con cuidado—, ¿es nuestro padre?

Emma se arrodilló frente a ellos, deseando poder borrar ese momento.

—Hay cosas de las que tenemos que hablar —dijo suavemente—. Pero no aquí.