Mi madrastra se negó a pagar mi vestido de graduación, así que mi hermano me hizo uno con los vaqueros viejos de nuestra difunta madre, pero cuando entré en el baile, su plan para avergonzarme dio un giro que jamás imaginó.

“Estás gastando nuestro dinero.”

Golpeó el mostrador con la mano y se puso de pie.

“Soy yo quien mantiene a flote a esta familia. No tienes ni idea de lo cara que es la vida.”

“Papá dijo que el dinero nos pertenecía.”

Su expresión se endureció al instante.

“Tu padre era pésimo con el dinero y aún peor con los límites.”

Subí corriendo las escaleras y lloré sobre mi almohada como si fuera una niña otra vez.

Más tarde esa noche, oí a Noah parado frente a mi puerta. Finalmente entró cargando una pila de pantalones vaqueros viejos.

Los vaqueros de mamá.

Los colocó con cuidado sobre mi cama.

—¿Confías en mí? —preguntó en voz baja.

Lo miré fijamente. "¿De qué estás hablando?"

“El año pasado tomé clases de costura, ¿te acuerdas?”

“¿Sabes coser?”

—Puedo intentarlo —dijo rápidamente—. Quiero decir… si es una tontería, olvídalo.

Le agarré la muñeca antes de que pudiera zafarse.

“No. Me encanta la idea.”