Mi madrastra se negó a pagar mi vestido de graduación, así que mi hermano me hizo uno con los vaqueros viejos de nuestra difunta madre, pero cuando entré en el baile, su plan para avergonzarme dio un giro que jamás imaginó.

Parte 2:
“Prefiero usar algo hecho con amor que algo comprado con dinero robado a niños.”

El pasillo quedó en silencio.

Los ojos de Carla se oscurecieron al instante.

“Quítate de mi vista antes de que diga lo que realmente pienso.”

Pero me puse el vestido de todos modos.

La noche del baile de graduación, Noah ayudó a subir la cremallera de la espalda mientras le temblaban las manos.

—Si alguien se ríe —murmuró—, lo perseguiré con mi fantasma.

Me reí suavemente. "Trato hecho."

Mientras tanto, Carla insistió en venir porque quería "presenciar el desastre en persona".

Incluso la oí decirle a alguien por teléfono: “Ven temprano. Tienes que ver esto”.

Pero cuando llegamos, nadie se rió.

La gente miraba el vestido, pero no de forma burlona.

Una chica preguntó: “Espera… ¿eso es tela vaquera?”

Otro preguntó: "¿Dónde compraste eso?"

Una profesora tocó la tela y susurró: "Esto es precioso".

Aun así, seguí tensa. Carla me observaba como si esperara a que me derrumbara en público.

Más tarde, durante la presentación de los trabajos de los alumnos, el director subió al escenario para hacer unos anuncios.

A mitad de su discurso, su atención se desvió hacia la parte trasera de la sala.